Todos tenemos madres, y algunas personas allá afuera son madres. Un tema tan universal como la vida misma. Tanto así que su historia en la ficción probablemente se extiende desde la concepción misma de la narrativa.
Por gran parte de la historia la maternidad se ha visto con este lente de idealización. Sobre la perfección de crear vida, de cuidar, de dedicar tu alma y cuerpo a otro ser. Pero la maternidad no solo no es perfecta, es menos que idílica, más aún en una era moderna en que las responsabilidades son mayores y la economía peor. Así que sí, finalmente estamos viendo un giro sobre esa percepción utópica de la maternidad y somos capaces de describir y reflexionar sobre ella con un dejo de hasta frustración y odio.
Lynne Ramsey es uno de los más grandes tesoros de norteamérica. Directora independiente cuya carrera incluye clásicos de cultos como “Ratcatcher” y “You Were Never Really Here”. Aunque más probablemente sea recordada por su genial “We Need to Talk About Kevin”. Un filme que definitivamente la puso en el panorama moderno como una autora fundamental de este siglo.
El estilo de Ramsey se caracteriza por este lente sucio y oscuro, sobre ver la realidad tal cual es. Sin embargo, su último película sería hace siete años, la ya mencionada “You Were Never Really Here” con Joaquin Phoenix. Filme que le valió el premio a Mejor Actor en Cannes, y que a mi parecer es una de sus obras más cálidas, aún dentro de lo oscuro de su perfil.
Bueno, “Mátate Amor” rompe este largo silencio. Estrenada originalmente en Cannes este año, llegó tan solo hace unas semanas a cines.
En este filme Jennifer Lawrence y Robert Pattinson hacen de una pareja de padres recientes quienes deben lidiar con el conflicto de la vida en familia, y la frustración y tensión que emerge entre ellos, su hijo y el resto de su familia, especialmente para una madre.
El odio de Lynne Ramsey
Lynne Ramsey es una directora con personalidad quien en general no teme entrar en la suciedad del ser humano.
Una comparación sencilla de hacer con este filme es “Madre!” de Daren Aronofsky. Ambos filmes protagonizados por Jennifer Lawrence que lidian con la maternidad. Y también ambos con un fuerte elemento metafórico. Pero mientras el segundo filme pisa el acelerador en lo alegórico, esta película juega bastante con el balance entre lo real y lo surreal.
La fotografía es pálida, gris y onírica. Todo la obra se siente como una constante pesadilla, en que pareciera que todo puede estallar en cualquier momento. Hay una tensa química entre los protagonistas, tan filosa que podría partir diamantes. Cada decisión desobedece a la racionalidad, pero actúa de forma muy humana. Jackson trae un perro, y tú sabes que este será motivo de aún mayor conflicto. Y las capas y capas de drama se acumulan como dinamita.
Ramsey explora en esta historia personajes fracturados por sus decisiones, y el título lo dice “mátate amor”. Es una proposición. Hay una fuerte ironía en este título, cómo puede amar a alguien a quien deseas ver muerto. Y funciona bilateralmente. Estos personajes se vuelven locos los unos a los otros, y esa demencia también es vertida sobre el bebé.
¡JENNIFER LAWRENCE! (y Robert Pattison)
Jennifer Lawrence hace esta película. Es más o menos común ver filmes que exploren un tipo de maternidad agresiva y potente. Y por lo mismo, hay mucho territorio conocido que puede sentirse como que ya estuvimos aquí antes. Pero creo que Lawrence encuentra un giro dinámico en este personaje, y derriba su propia barrera, y como dije antes, incluso referencias a su propia filmografía.
Este personaje está pasando por cosas. La película no se aleja del dolor, de la suciedad de lo que hace. Hay… muerte. Y el guion no tiene real interés en mostrar a este personaje como empático, todo lo contrario, pareciera querer llevarlo a un extremo en que incluso tú como espectador seas capaz de odiar en mismo balance a entenderlo.
Pattison es uno de mis regalones de esta nueva generación de actores, y si bien su rol acá está mucho más limitado que el de Lawrence, su presencia penetra en el fondo y es un ruido blanco que solo aporta al caos. Nunca entiendo realmente qué quiere Jackson de la vida, y tampoco creo que el personaje lo sepa.
Esta pareja se ama casi por inercia. Porque se amaron en otro momento y deben seguir amándose, más aún con un bebé en el hogar, pero el filme es tan agresivo en su forma de representar relaciones que ni siquiera me atrevería a decir que es una relación tóxica, es… una relación definitivamente.
La cámara juega mucho con la absurda implicancia de odiar a quien amas. Y tú vives eso por cómo los personajes actúan y como los artistas los interpretan. Hay momento en que de verdad me habría gustado darles una cachetada bien fuerte.
¿Qué está pasando?
Lo que eventualmente hace que cualquiera se pregunte… ok qué está pasando.
Este es un filme que claras capas alegóricas. No todo lo que vemos es literal. E incluso lo literal no siempre significa lo que significa. Hay una serie de momentos hechos para cuestionar la realidad.
De repente esto mismo puede hacer que la película se sienta demasiado cínica. Como que arroja todo sobre la pared y espera que algo haga sentido. Hay una clara influencia de otros directores surrealistas como David Lynch. Pero no siempre estoy completamente enganchado con lo que la película arroja hacia mí. Entonces cuando no tengo mucho que mascar, tengo que intentar hacer sentido de lo que está frente a mis ojos, y no siempre lo encuentro.
Por ejemplo, no sé muy bien qué hacer del personaje de Lakeith Stanfield en esta película. Lo más obvio es interpretarlo literal tal y como lo vemos, pero simplemente no creo que sea el caso, creo que el guion introduce este personaje con motivos más profundos, solo que no me siento capaz de comprenderlos ahora.
Esta es una película muy fascinante de analizar, porque puedo imaginar múltiples vistas de ella en que cada una es una experiencia propia independiente del resto. Pero al mismo tiempo, no sé si voy a correr a ver esta película las múltiples veces que exige.
Una de las cosas que mejor caracterizan el cine de Lynne Ramsey es que es un cine muy enojado. Hay bastante interés por explorar el lado oscuro del ser humano, y por lo mismo, aún con su radical aproximación a la narrativa, bebe mucho de su filmografía y de estilos similares.
Conclusiones
Así que sí, quizás respeto más esta película de lo que me imagino que estaré analizandola en el futuro. Pero es una demente, sucia y dramática reflexión de la maternidad, las relaciones y la mugre en el corazón.
Este no es un filme fácil de beber. Es una obra desafiante, que se torna contra su audiencia, y se establece sobre dos de las actuaciones más delirante que haya visto este año. Es una experiencia, una que no dejará a nadie indiferente.
Si puedo hacer una cosa es recomendarles que la vean. No van a quedar apáticos a su narrativa. Es toda una montaña rusa.

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