EL DESHIELO: «El silencio de desaparecer» — CRÍTICA

Chile tiene una dolorosa memoria reciente. Aún estamos sufriendo los resultados de casi dos décadas de dictadura, y peor aún, los efectos del resurgimiento de una nostalgia por dicho tiempo. Lejos de recordar, este país quiere olvidar, o eso nos quieren hacer creer.

Es una política impuesta que heredamos desde la transición de la democracia. Dejar el pasado bajo la alfombra y mirar hacia el futuro, incluso si eso implica dejar heridas sin sanar y no reconocer el daño que se hice a quienes viven entre nosotros, y quienes ya no están. Y aunque a algunas personas les moleste, el cine chileno debe reflexionar sobre este momento en la memoria contemporánea.

Manuela Martelli es una actriz chilena convertida en directora, quien debutó en 2022 con “1976”. Martelli ganó el premio a Mejor Película Chilena en el Festival de Cine de Valdivia, y Mejor Ópera Prima en los Premios Platino.

“El Deshielo” es su segundo largometraje, y debutó este año en la selección de Una Cierta Mirada en el festival de Cannes (categoría que Diego Céspedes ganó el año pasado con “La Misteriosa Mirada del Flamenco”). Esta película llega a cines este 3 de septiembre y tuve la gran oportunidad de verla en una función de prensa. 

El filme se ambienta en Chile en el año 92. Maya O’Rourke hace de Inés, una niña que vive al cuidado de sus abuelos, dueños del centro de esquí donde viven, mientras sus papás están fuera por motivos de trabajo. Inés entabla amistad con Hanna (Maia Domagala), una esquiadora europea que ha llegado a Chile para entrenar. Una noche, Hanna desaparece, y el proceso de búsqueda sacará a la luz una serie de situaciones ocultas.

Memorias de la Dictadura

Aún cuando no me compro la idea de que el cine chileno es “solo sobre dictadura”, sí creo que el periodo de la transición en los 90s no recibe la atención que merece. En ese sentido, esta película busca abordar un periodo de consciente olvido que a mi parecer marca una mancha oscura en nuestra historia. Ese momento en que Pinochet salió del poder, pero quedó como senador vitalicio y el país intentó salir adelante obviando los crímenes de las pasadas décadas en pos de mantener una imagen positiva y optimista.

Este marco es obvio cuando se vislumbra la primera alegoría de la película: el glaciar chileno en la Expo 92. Este es un trozo de historia fascinante que no conocía, pero el año 1992 se “celebraron” 500 años desde el descubrimiento de América con una exposición de varios países en España. La presentación chilena fue un trozo de glaciar, el cual aparentemente se derritió un poco en el camino.

La alegoría es clara: Chile quiere exponer esta imagen de progreso y avance al mundo, a través de símbolos que son transparentes y que se derriten. Este tema es central en el filme. Cómo mantener una buena imagen es mejor que ser honesto con la realidad. Los momentos más intensos son aquellos donde el filme expone este piso transparente. Un país con claras heridas que todos pueden ver menos nosotros.

Misterio en la Montaña

La cámara de Martelli es sensible y distante. La mayoría de los planos son estáticos y rara vez salimos de la montaña. De hecho, si mal no recuerdo ninguna escena transcurre fuera de esta zona en la cordillera. Incluso cuando vemos la Expo 92 es a través de televisores. Hay un gran trabajo en establecer un Chile real de los 90s. Con su tecnología, música, y cultura popular.

La relación protagónica entre Inés y Hannah es el corazón del filme. La química de ambas actrices es sólida y bastante del ritmo incómodo del diálogo de la niña se justifica en que debe hablar inglés con la alemana. Como ambas no hablan su primera lengua, hay cierta incomodidad en su entrega del diálogo que es natural para esta circunstancia. 

El problema con el misterio, es que dada la alegoría, no hay un misterio realmente. Este filme tiene el esqueleto de un thriller, pero nada del suspenso. Imagino que Martelli no quería convertir esto en una persecución gringa con detectives y algún tipo de resolución novelesca. Pero la experiencia se torna frustrante cuando materialmente no pasa nada en la historia. El filme se compone de muchas escenas en que personajes solo reflexionan sobre cómo se sienten, y en la reiteración, vemos el mismo patrón de emociones caer en un bucle. La madre de Hanna sintiéndose culpable. El profesor distante. Inés preocupada. Pero las emociones tienen distancia con el espectador. Todo sienten mucho, pero no hace nada.

Personajes sin punto de vista

La limitante es que el guión no sabe a donde llevar estos personajes para justificar 100 minutos de duración. Los actores deambulan, pero las sensaciones no escalan. Lo que se ve restringido por cualquier especie de arco que un personaje pueda tener. No hay ninguno.

No amé “1976” porque era una historia sobre persecución política, no contada a través de los ojos del perseguido, sino que de un tercer espectador. Quien protagoniza la historia es alguien que se ve envuelto por casualidad en el argumento, pero no quien sufre las consecuencias. Y si bien esta es una razonable forma de contar una historia, marca tal distancia con el espectador que no puedo marcar enlace con la protagonista.

Un símil ocurre con “El Deshielo”. La protagonista es Inés, una niña. Tu típico guión tendría a la protagonista descubriendo las oscuras implicaciones de las desapariciones a través de la desaparición de su amiga. Un estilo de despertar de la inocencia. Pero el filme subvierte expectativas y no le da ese arco a Inés. 

La chica es consciente de la desapariciones incluso antes de los eventos del filme. Ella es amiga de la gente del hotel, y sabe que el hermano de una familia que se emplea allí desapareció en dictadura. El único momento de shock viene cuando su abuela (Paulina Urrutia) le dice que es mejor quedarse callada para no meter al hotel en problemas. Una clara alegoría sobre las desapariciones reales de la dictadura, en que el país completo guardó silencio. Pero tú esperarías que quizás en algún momento ella busque sacar la verdad a la luz, y no lo hace. El filme la fuerza a mantenerse ajena a estos eventos, así que tú solo ves como nadie hace nada, y nada nunca pasa.

¿Cuál es el punto entonces? Este no es un momento de descubrimiento sobre una chica entendiendo el mundo a su alrededor. Por el contrario, ella parece entender cómo funciona todo, y esto es solo otra confirmación, lo que hace para frustrante drama.

Cine Chileno para Europeos

Lo que me lleva al meollo del problema con esta película, que es que su público objetivo no es chileno. Este es un filme chileno, para extranjeros. Y son varias decisiones artísticas que confirman esto.

Primero, que los puntos de vista son principalmente europeos. La chica que desaparece es alemana, su profesor es alemán, y su madre que viene a buscarla, es alemana. Es obvio que este marco narrativo es para que un público europeo pueda ver esta película y pensar: “imagina que las desapariciones en Chile fueran como si te perdieras en la montaña y nadie hiciera nada”. Es una efectiva metáfora, pero ¿qué nos comunica a nosotros como chilenos?

Vuelvo al marco de Martelli en “1976”, pareciera haber una obsesión por crear narrativas intrínsecamente políticas, pero no poner a las figuras perseguidas como el centro.

El hecho de que más de la mitad del diálogo esté en inglés o alemán confirma esta teoría. ¿Están esperando que esta sea una película que razone con una audiencia nacional? ¿O está diseñada para alentar a un público extranjero? 

El clímax narrativo ocurre entre la madre y el profesor, en alemán. Por supuesto, esta perspectiva es subjetiva. Martelli tiene todo el derecho en escribir una historia con el fin máximo de hacer empatizar a audiencias extranjeras con el dolor nacional, pero no puedo empatizar, como chileno, con esa perspectiva. Me pone en la situación incómoda, en que estoy de acuerdo con todo lo que se expone, pero me veo frustrado porque la perspectiva se aleja de los sujetos afectados y se enfoca en personas que nunca han sufrido real persecución.

Conclusiones

“El Deshielo” es un drama efectivo, no me malentiendan. Es una obra de suspenso con suficiente carne para mantenerte enlazado a esta historia hasta el final. Pero la forma en que marca tal distancia con el espectador la vuelve un ejercicio vacío a mi parecer. Desearía amar esta obra porque su dirección es excelente y sus actuaciones sólidas, pero el guion no desea que yo la ame, soy un daño colateral a la existencia de esta película.

Sí les recomiendo que la vean. Creo que la balanza es más positiva que negativa, pero siempre me frustra cuando filme con el potencial de ser increíbles, son solo buenos. Deseo que le vaya bien en su paso por cines, así que véanla en una butaca de ser posible, pero yo no estaré corriendo por revisitarla. 

“El Deshielo” es un LIGERO 6/10

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