Estados Unidos es la cuna del capitalismo. DUH. Cada uno se vale por sí mismo, el bienestar del individuo por sobre la comunidad, la mano invisible, todas esas cosas. Y los gringos no están en su mejor momento. Conflicto social, violencia política, brutalidad policial, armas, racismo, xenofobia, nombre algo malo, Estados Unidos probablemente lo ha hecho.
Por lo mismo, para cualquier artista es muy apetitoso reflexionar sobre las bases del país. Especialmente si eres un ciudadano norteamericano. Es normal sentir rabia por las injusticias por tu país, y por ello, tenemos una larga tradición de cine de protesta estadounidense.
Ahora, ese cine de protesta no tiende a venir desde las altas corporaciones. Por más que algunos de ellos se quieran vender como aliados en el conflicto de clase, es evidente cuando una visión viene de un millonario sin problemas que nunca ha enfrentado real desigualdad, queriendo decirte: “no, yo sí sé cómo te sientes”. Menos aún veremos esto de la mano de un filme de alto presupuesto.
Entra Paul Thomas Anderson. Un director que ha dedicado prácticamente toda su carrera a capturar un tipo de agitación estadounidense, en distintos ángulos y eras. Películas porno, televisión, romance, los orígenes del capitalismo, de las religiones modernas. Anderson se ha dedicado a reflexionar sobre los cimientos de la sociedad norteamericana, y fuera de películas como “Embriagado de Amor”, su cine tendía a localizarse en el pasado.
“Viceland” es una novela de Thomas Pynchon, la cual ha estado en mente del director desde hace dos décadas. Originalmente iba a ser su proyecto inmediato luego de “El Hilo Fantasma”, pero llegó “Licorice Pizza”, su mente se fue a otro lado, y cuento corto, llegamos a esta, su adaptación del libro: “Una Batalla Tras Otra”.
Un filme que no solo se dedica a reflexionar sobre la relación del hombre con los Estados Unidos, pero también de un tema paralelo y alegórico a su filmografía: la relación entre padres e hijos.
En esta película Leonardo DiCaprio protagoniza como Bob, el miembro de un grupo revolucionario, quién se verá en la búsqueda y rescate de su hija luego que un antiguo enemigo vuelva a su vida.
El cine de Paul Thomas Anderson
Paul Thomas Anderson es uno de los más grandes en jamás hacerlo, nombren una película de él, probablemente es una obra maestra: “Magnolia”, “Boogie Nights”, “Petroleo Sangriento”. Pregúntale a alguien su película favorita del director y estoy seguro que tendrás respuestas distintas como filmes ha dirigido. En que incluso sus menos queridas en general como “Vicio Propio” o “Licorice Pizza”, tienen fanáticos que las defenderán a morir. Esta película fue de mi top 3 más anticipadas del año, y con justa razón, nunca desconfíes de Paul Thomas Anderson… porque rara vez se equivoca.
El cine del director ha sido esta constante reflexión sobre el suelo estadounidense, y por lo mismo, este filme se encuentra en una verdad que lo acerca y aleja del resto de su cine: cómo nuestra relación con el país y el activismo, es paralela a la relación con nuestra familia. La comparación más obvia es con “Petroleo Sangriento”, una obra maestra que describe el nacimiento del capitalismo en EEUU, mientras en paralelo es una oscura y violenta relación padre e hijo.
En “Una Batalla Tras Otra” me atrevería a decir que el director toma su enfoque más optimista. La película comienza con estos actos revolucionarios. Un grupo de extremistas de izquierda liberando inmigrantes detenidos en puntos de deportación. Y de ahí en adelante examina la personalidad de este grupo, pero nunca desde un juicio sino más bien curiosidad real.
Todo el operativo del director acelera a máxima velocidad. Esta película es el segundo largometraje en ser rodado en VistaVision desde los 60s, siendo el primero la reciente obra maestra que fue “El Brutalista” el año pasado. Y el director usa este formato y magnifica las imágenes. El ritmo es intenso, brutal. Un filme de casi tres horas que vuela con el pulso de un cirujano.
Cada latido tiene su punto. No hay espacios muertos entre escenas. El primer acto es contextualizante. Conocemos a este grupo, pero donde realmente está la carne en el conflicto que describí en la premisa. La historia comienza una vez Bob y su hija se separan y de ahí en adelante es esta búsqueda constante.
Padres e hijas
El corazón de esta historia está en esa relación, que se paraleliza con su contenido político. Bob es un ex-revolucionario quien, como dice el titulo “lucha una batalla tras otra”, y el filme hace esta gran comparación entre paternidad y compromiso social. Ser un activista es comprometerte a pelear toda tu vida, no es “una y listo, nos vamos”, es estar toda tu vida con tu mirada tras tu hombro, con un compromiso por tus ideales, y por abrazar la contradicción… como ser padre.
Ser papá es también una batalla constante. Es estar ahí para tus hijos sin realmente esperar que termine algún día. No dejas de ser papá como no dejas de ser activista, es un compromiso para siempre, y estás destinado a cometer errores.
Por lo mismo, me gusta mucho cómo a pesar del tono sardónico, nunca siento que el director juzgue a estos personajes. Bob es un alcohólico marihuanero, pero tiene un legítimo amor por su hija, y mete la pata más por incompetencia que por real intención. Y asimismo es con su activismo,
Uno de los puntos claves es que nosotros como personas esperamos hacer bien, esperamos que todo lo que hacemos tenga un punto, que haya luz al final del camino, pero nos vamos a equivocar, vamos a meter la pata de formas que no nos imaginamos. Pero, esperamos que nuestros hijos hagan un poco mejor que nosotros. Que sean mejores padres, que trate mejor el planeta, que sean mejores ciudadanos.
Asimismo, es clave cómo el personaje de DiCaprio es dejado ir por la ola. Una vez el grupo se desarma, él pierde visión de lo que está pasando y lo que puede hacer. Abre esta pregunta: ¿qué es un revolucionario sin su revolución? de la misma forma en que ¿qué es un padre sin su hija?
La relación entre Bob y Willa es hermosa. Es el corazón de este filme, como dije. Tiene esos momentos de calidez inmediatos que te ablandan el corazón, te recuerdan porqué vamos al cine, para sentir. El filme cuestiona qué significa ser un padre, pero también que la imperfección es parte del proceso, solo podemos esperar hacerlo un poco mejor.
Hacia el final, ellos tienen una de las escenas más hermosas. Y qué decir de las actuaciones. Creo que… damos por sentado a Leo. Lo sé, un actor inmensamente querido y galardonado, pero no nos detenemos lo suficiente a recordar lo gigante que es como actor, y lo dispuesto que ha estado a dar vuelta su carrera. Desde “El Lobo de Wall Street”, Leo se ha detenido en este tipo del rol patético y humillante, y sabe cómo exprimirlo al máximo. Tiene un increíble pulso para la comedia, sin perder el impacto del drama. Podemos reírnos y emocionarnos de igual magnitud con su interpretación. Qué decir, es probablemente LA actuación masculina del año. Una máquina sin frenos.
La revelación de Chase Infiniti como Willa quedará en la historia como uno de los debuts de todos los tiempos. Responde perfecto al resto del elenco. Es dura, carismática y llena de personalidad. Los personajes adolescentes son fáciles de escribir mal, y actuar peor. Se requiere especial talento llegar a este nivel de maestría, y lo que el guion junto con la actriz hacen, es especial de una forma dulce y valiente.
Las políticas de la revolución
Esta película está ambientada en los tiempos actuales, y si se siente como una cosa, es una respuesta a la agitación política que sentimos. La historia comienza en este centro de detención, y nos entrega imágenes que bien podrían ser reales. Son cosas que pasan, son producto del EEUU actual, ese que trata al inmigrante como basura, que le escupe a sus ciudadanos. El guion describe un momento de violencia política tan específico que bien podría ser la fotografía definitiva de esta época.
Lo que lleva al progreso de esta historia. Bob, alejado de la revolución, se deja estar, no pierde convicción necesariamente, pero se vuelve flojo. Hay un muy divertido contraste en cómo Willa, sin creer en la paranoia de su padre, está mucho mejor preparada para una crisis que Bob. Y esto no solo construye una historia intensa en acción, es infinitamente divertida. Un chiste recurrente sobre Bob no sabiendo la contraseña. Humor físico de personajes cayendo o golpeándose. Y en general, la oposición de puntos de vista sobre lo que está pasando.
Los French 75 tienen buenas intenciones, pero la película no se aleja de la crítica a sus figuras. Perfidia Beverly Hills, interpretada por Tayana Taylor, es el personaje clave. Es quien gatilla la historia básicamente. El filme nos muestra todos los ángulos de estos personajes. Ella es alguien quien… quizá disfruta un poco demasiado de la revolución.
Sería muy fácil para un filme así solo decir “todos son malos menos yo”, pero la película crea un elenco que se siente real, sin alejarse de qué los une. Ellos luchan por algo justo, tan justo, que eventualmente tenemos la secuencia con Benicio del Toro que nos prueba que hay un punto en todo esto, en rescatar inmigrantes, en permitirles una mejor vida. Incluso si en el proceso cometieron errores, vale la pena equivocarse por un bien mayor.
No me puedo detener en CADA personaje porque estaría hablando todo el día, pero Dios mío Benicio del Toro. Un perfecto rol secundario. Divertido, carismático. Una delicia de ver en pantalla.
Luego está Sean Penn, como el principal antagonista. Su personaje refleja una contradicción fascinante: la existencia del supremacista blanco. Muy temprano nos enteramos de lo mucho que lo calienta Perfidia, y por algún motivo, eso no minimiza sus psicopatías nazis. El resto de la película es él intentando entrar a un culto de racistas, e intentar enmendar errores absurdos, para que el remate final sea qué significa de verdad estar en este culto. Es una genial burla a lo estúpido de los ideales racistas de estos conservadores, pero además una genial deconstrucción de cómo las raíces mismas de los EEUU y particularmente los militares, viven por esto.
El filme no se detiene en ningún momento sobre sus críticas de la autoridad. En un momento tenemos un atisbo de una protesta que está ocurriendo, y el filme nos muestra cómo la policía se infiltra en las marchas para agitar la violencia y justificar la represión. Es… refrescantemente brutal para ser una película estrenada por un gran estudio. Es decir, ejecutivos de Warner vieron esto, le asignaron un presupuesto, y le dieron corte final a Anderson, para un filme que es un constante, EEUU, la policía y los conservadores están podridos hasta la médula.
Porque sí, vemos la hipocresía e incompetencia de los revolucionarios, pero nunca se cuestiona sus acciones mismas. Nunca se implica que ellos se equivocaron al comprometer su vida a la revolución, sino más es este crudo retrato de que enfrentarse a los EEUU tiene consecuencias horribles, pero no por ellos las acciones en contra de sus intereses son menos buenas. Al final, incluso con todo lo que se perdió, se podría argumentar que este equipo hizo más bien que mal. Y es clave con el final mismo. La nota en que la película cierra es una confirmación que todo esto sirve para algo y solo tenemos que aprender a ser mejores, tratar el mundo mejor, hacer algo que nos haga sentido.
¡ESPECTÁCULO!
Con todo lo que he comentado, podría sonar como un filme pesado. Difícil de tragar, sermoneador, pero no se equivoquen; esta es la película más entretenida del año. Con magnético pulso, el filme avanza y avanza, y nunca pierde una nota entre escenas. Estas pegado al borde de tu asiento intentando y fallando en predecir el siguiente latido que fluye entre estas venas.
Como mencione, Anderson rodó esto en VistaVision, y para ello volvió a trabajar con el director de foto de “Licorice Pizza”: Michael Bauman, quien si bien lleva más de una década en el equipo del director, no fue hasta ese filme que tomó las riendas de la cámara. Miren, critiquen lo que quieran de “Licorice Pizza”, pero que luce mal, no. Y aquí, solo pisa el acelerador.
Las secuencias de persecución nos provee de contraste de luz y sombras dignos de un neo-noir, pero en un filme de acción. Las escenas se mueven con tanta sutileza que tenemos decenas de planos secuencias que no se perciben como tales. De repente estarás viendo una escena y pasarán minutos antes que notes que la cámara no ha cortado. El dinamismo del movimiento te convence que en todo momento todo está pasando. Y lo que la historia pone en juego es suficiente para sostener la tensión hasta su último respiro.
El montaje es dinámico y eficiente. Cuando te enfrentas a películas tan largas mucha gente responde con un suspiro, como si fuera una lata. No se equivoquen, esta película ocupa espacio entre el tiempo de formas que parecen manipularlo. No vean sus relojes, no habrán notado cuando termine.
Una de las secuencias finales es una persecución en unas colinas que te tiene con el corazón en la mano. La cámara sube y baja, y cada elevación y descenso pausan tu respiración. Es espectacular.
Una conversación sobre este filme no estaría completa si no hablara sobre el final y algunos aspectos profundos de la trama, así que esta es su alerta, en la descripción podrán encontrar un salto a las conclusiones.
Sobre el FINAL (SPOILERS)
Un elemento fundamental de esta historia es el origen de Willa. Uno sospecha muy temprano sobre si Sean Penn será su padre biológico por el punto en el tiempo en que Perfidia tiene sexo con Lockjaw. De ahí en adelante es más o menos evidente porqué él estaría buscándola a ella en específico, esencialmente cuando descubrimos que quiere unirse a esta secta de supremacistas blanco y debe responder si alguna vez se ha relacionado con una mujer no-blanca.
Lo que es fascinante en muchos ángulos. Primero porque el filme reflexiona sobre qué es la paternidad. Claro, Bob no será un gran padre, pero es un padre. Ni siquiera estoy seguro si Bob no sabe que él podría no ser el padre biológico, me gustaría verla una segunda vez para confirmar eso, pero lo importante es que él ha estado ahí los últimos 16 años, incluso si estar ahí es solo… estar.
Eso lleva a esta espectacular escena en que Willa le pregunta “¡Quién eres!”, y él se salta todos los códigos y solo responde: “Soy tu padre”. Es la confirmación que necesita. Ella lo pregunta literal y figurativamente. Quién eres como: literalmente quien eres, pero también, quien eres para mí, porqué estás en mi vida. Y la respuesta es tan limpia, pero tan cálida.
Lo que lleva a esa hermosa escena final, en que Willa ahora tiene sus propias convicciones y sus propios códigos, y su padre entiende y respeta esto. Porque en el fondo el filme trata sobre esta brecha generacional, en que gente que fue revolucionaria en su momento envejece, y quizá no se pone necesariamente conservadora, pero sí el espíritu. Al no tener algo por lo que luchar, pierde motivación por hacer… lo que sea. Pero la conclusión nos deja con ese respiro que de hecho la motivación puede estar en motivar a las nuevas juventudes, no en resentirlas, que es algo que pasa. “Yo no logré nada así que tú tampoco lograrás nada”. El punto final es sobre “yo no logré nada espero que tú sí logres algo”. Es un momento de reconciliación del director sobre no resentir los anhelos de los jóvenes sino que abrazarlos, tal como él fue joven con sus anhelos y activismos.
También hay un gran punto sobre qué sucede con la vida de un revolucionario. Personajes son amenazados con sus familias, y sucumben ante la presión. Perfidia delata a sus compañeros, quienes terminan asesinados, y es considerada una rata. Luego escapa a México y no sabemos más de ella. Lo que es un retrato sucio de una vida revolucionaria, pero una verdad basada en la realidad, que vivir la operación clandestina lleva a vivir al borde de la muerte siempre.
Al final, cuando Willa lee la carta, hay un romanticismo en la voz de Perfidia, pero no necesariamente una absolución. No creo que la película nos diga “ella fue una santa”, sino más bien, “ella una humana”. Y es algo elemental de describir, los padres y los activistas son humanos y se equivocan, eso no vuelve menos real por lo que luchan o a quienes aman.
Paul Thomas Anderson siempre es caracterizado como este director hiper-masculino. Películas como “Petroleo Sangriento” siempre lideran esas listas de masculinidad tóxica, pero también es cierto que sus filmes tienen este fuerte romance y sensibilidad. “Magnolia” es mi película favorita de su autoría, y es esencialmente sobre entender lo vital del amor, de tratarnos mejor, de subvertir las estadísticas.
En este filme, él hace tal vez su final más optimista. Mira con pasión el futuro y dice “creo que hay algo mejor en lo que nuestros hijos pueden hacer”. Lo que se contrasta con la visión de Lockjaw, que en su racismo ver esta hija como una mancha. Mientras el arco de Bob es sobre abrazar sus imperfecciones como padre y amar a su hija por sobre todo, Lockjaw ve la mera existencia de su hija biológica como un error que debe enmendar.
Lo que es fuerte porque el filme lidia con el supremacismo y violencia inherente a la fuerza policial y militar. Hay un lenguaje completamente autoritario en esta película sobre cómo operan los EEUU, y es refrescante ver una película así de dura con su país. Los gringos son unos genios en romantizar a Norteamérica, y amo ver un filme así de enojado con las políticas de su país.
Conclusiones
Pocas veces tienes la oportunidad de ver un clásico en construcción. Y si pudiera analogar esta película a algo, creo que es lo mismo que ver “Los Infiltrados” de Scorsese, “Sin Lugar para los Débiles” de los hermanos Coen, u “Oppenheimer” de Nolan. En ninguno de estos casos la mejor película de su respectivo directo, pero sí uno donde… todo calza. Donde el rompecabezas hace sentir. Conde las piezas se unen en simetría e ilustran este puzzle.
¿Creo que esta es la mejor película de Paul Thomas Anderson? No. Y por lo mismo, me cuesta considerarla perfecta, porque después de todo, Anderson ha hecho tantas obras maestras que esta no se asoma en directa compañía con todas ellas. Pero volviendo a lo que mencioné al inicio, pregúntenle a alguien su filme favorito del director y tendrán una respuesta distinta cada vez.
Este filme habla a un momento en el tiempo que es fundamental. Es refrescante, entretenida y brillante. Con un tecnicismo sobresaliente, digno de uno de los más grandes maestros que tenemos entre nosotros.
Qué puedo decirles, estamos ante un clásico moderno.

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