El género del terror tiene un campo tan profundo y diverso de expansión que puedes usarlo para hablar sobre literalmente cualquier cosa. Desde alegorías de vampiros que van sobre sexualidad y género, hasta obras de horror corporal que nos hablan de nuestra relación con los cuerpos. Y Julia Ducournau ha sido una ícono moderna en hacer del género cinematográfico un puente para hablar sobre lo que sea.
Ducournau debutó hace unos años con “Voraz” (“Raw” en inglés), una increíble obra que hablaba que mezclaba el ser un coming-of-age con el gore del canibalismo. Una película que de hecho fue uno de los primeros videos que hice por allá por inicios del 2018.
Pero su punto más alto en éxito sería con “Titane”, la película que la galardonaría con la Palma de Oro en Cannes el 2021. Y si bien no soy el mayor fanático de esa obra, debo reconocer que el enigmático estilo de la directoria haría de cualquier nueva obra suya en una de las piezas más anticipadas del año.
Y así llegamos a “Alpha”, su nuevo filme que debutó en mayor de este año en la selección oficial de Cannes, y tuve la oportunidad de ver en la pasada edición del festival de cine de Santiago.
En esta obra Alpha (Melissa Boros) es una chica de 13 años quien vive con su madre soltera (Golshifteh Farahani). Cuando la protagonista se vea potencialmente expuesta a una extraña enfermedad a raíz de un tatuaje hecho durante una fiesta, su mundo colapsará propio de la discriminación y miedo que emerge del prejuicio.
Obvias alegorías.
Como mencioné, creo todavía que “Voraz” es la mejor película de Julia Ducournau. Y es porque de toda su filmografía, es aquella que mejor balancea el ser un filme de horror con una alegoría clara, que se sienta como un movimiento cerebral. Como sumar uno más uno en una ecuación que se ve más compleja de lo que es. Ese filme equipara el canibalismo con la idea de crecer y dejar las dinámicas familiares, de verte expuesto a un mundo adulto cuando has sido protegido toda tu vida. De experimentar cosas nuevas y sentir que podrías volverte loco o loca por ser alguien distinto a quien fuiste criado para ser. Y todo eso con el marco de ser este exagerado filme de horror.
Bueno, “Alpha” es definitivamente una alegoría, pero donde el debut de la directora es efectivo y brillante, esta película es torpe y obvia.
Miren, no tengo que dar detalles profundos de la trama, pero qué pensarían si les dijera que la enfermedad central de esta película tiene las siguiente características: se contagia mediante relaciones sexuales o compartir sangre a través de medios como, una aguja; tiene un fuerte sesgo y prejuicio social; y está estigmatizada hacia homosexuales y drogadictos… Les voy a dar dos segundos para que lo piensen.
Sí, esta película es la alegoría más obvia del VIH que se haya hecho. El tema aquí es que claro, la huella de donde comienza es una alegoría sobre esta enfermedad, pero el filme eleva esta comparación, ¿cierto?
No. “Alpha” usa la alegoría porque puede, porque de ahí en adelante no hay absolutamente ninguna distinción. De hecho, el filme es tan transparente en su metáfora que bien podría no existir. En este mundo esta enfermedad hace que te salga una especie de piel de piedra. Una petrificación del cuerpo. Y uno podría trazar un tema sobre cómo la gente se encapsula cuando está enferma, pero al final del día, hay muy poco que la película haga con esta enfermedad ficticia que no sería lograble simplemente usando el VIH como vehículo protagonista.
Y de ahí en adelante el filme es una crítica bastante superficial. Porque evalúa temas que llevamos décadas discutiendo. No me sorprende que esté ambientada en los 90s, porque busca de alguna forma llegar a la cima del prejuicio en su peor momento, pero te hace preguntarte: “¿qué va a decir este filme aparte que estigmatizar a pacientes del VIH está mal?”.
¿Ritmo?
Ahora, esto hace de la película superficial, pero en honor a la verdad puedes tomar este base y levantar un pilar entretenido. Es decir si bien no amé “Titane”, es claro que la directora tiene este sabor para el horror que haría de cualquier película suya algo, como mínimo, entretenido.
Pero el tema con “Alpha” es que el filme se toma su tiempo. Y es tan torpe en su ejecución, que no puedo no pensar: “a dónde vamos”. Porque al final esa es la discusión ¿cuál es el punto? ¿Julia Ducournau solo quería hacer esta película porque podía o tenía algo que decir?
Los personajes son flácidos, y la protagonista titular de esta película no tiene verdadera personalidad. Es una niña a la que cosas le pasan y que tiene ciertas opiniones, pero no mucho más que eso. Este filme está muy bien actuado, pero el guion no le da algo a este elenco con lo que trabajar. Mi estrella fue Golshifteh Farahani, quien tiene que balancear distintos puntos de contención y ser creíble en el rol.
Luego está personaje de Tahar Rahim quien hace del tío de la protagonista, Amin, y el ícono de lo que significa vivir con esta enfermedad. Y es a través de él que siento que la película llega a alguna verdad. La película también habla de discriminación racial. Estos personajes son lo que se implica como inmigrantes iraníes, y hay algo ahí, pero fuera de un par de escenas en que el racismo se discute de forma implicita, no vamos muy lejos.
Ahora, Amin se vuelve progresivamente en el líder, y es el centro de la conclusión. Y el filme termina con una especie de giro, que lejos de hacerme sentir que “ok, esto va a una meta”, me dejó con la cabeza entre los hombros. Estilo: “ah bueno, esto fue una decisión”.
Decisiones de estilo
Estoy consciente de lo negativo que todo esto suena, pero la verdad es que este no es un filme terrible. Ducournau tiene una increíble visión espacial, y hace que este filme carge con un magnético estilo.
La paleta de colores es sórdida y oscura, refleja una Francia ficticia que es casi un escenario de terror. Me encanta el contraste entre el presente y el pasado, tanto en la distinción de colores, como en lente. No solo es inmediatamente claro cuando cruzamos del presente al pasado, el filme toma decisiones interesantes al converger ambos puntos en algunos segmentos de la película. La directora vuelve a trabajar con Ruben Impens quien ha sido su director de foto de las últimas tres películas, y es clara la química técnica. Cada plano es una pintura.
También la dirección tiene este sabor por el contraste entre la cultura pop y el alegórico horror de este mundo ficticio. Los needle-drops son para chuparse los dedos: Portishead, Tame Impala. Hay una obvia sensibilidad que se mancha en estos fotogramas y crean un filme que en estilo es muy sabroso.
El problema al final es que esta es una película con espectacular estética, cuya rojiza y gris paleta de colores no va hacia ninguna meta clara. Y al final te hace sentir que dos horas pasaron y no absorbiste mucho para mascar.
Conclusiones
“Alpha” es una decepción, pero no es un desastre. Es un experimento personal que por sobre todo parece una falla de cálculo. Como no entender el impacto de las decisiones de estilo y, de nuevo, contar una historia porque se te ocurrió una metafóra, sin detenerte demasiado a pensar en lo que estás escribiendo.
No descartaría lo que sea que esta película ofrezca, porque cuando te enfrentas con un filme así de lunático, está seguro que encontrará fanáticos allá afuera, y hasta posiblemente una revaloración de culto.
Pero tampoco puedo venir y fingir que basta con grandes decisiones de estilo para convencerme. No voy a condenar a Julia Ducournau por haber fracasado, pero tampoco fingiré que vi lo mismo que elevó su obra pasada.

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