LA VIDA QUE VENDRÁ: «Memoria de un país» — CRÍTICA

Chile es un país documentado. La no-ficción tiene una larga historia. Patricio Guzmán, Ignacio Agüero, Maite Alberdi. Artistas nacionales que han triunfado describiendo el recuerdo de un país con mala memoria.

Todo chileno se hace una imagen cuando piensa en nuestro país. Un rostro que puedes hacer y deshacer dependiendo de quién eres y cómo piensas. Es frívolo describir al documental como “la realidad” porque desde el momento en que una cámara registra y encuadra, adquiere un punto de vista. No debemos pensar en el documental como un fragmento de la realidad, sino más bien, como la extensión de un autor cuya cámara es una quinta extremidad, y el lente su ventana al mundo. 

Karin Cuyul es una directora chilena quien debutó en 2019 con “Historia de mi Nombre”, filme documental que estuvo en FIDOCS ese año. “La vida que vendrá” es su segundo largometraje, estrenado inicialmente en FicValdivia del pasado año 2025, y llega a cines chilenos esta semana.

Este documental, realizado íntegramente con material de archivo grabado principalmente por aficionados, repasa 50 años de historia chilena. Nuestro pasado, presente, y futuro.

Chile a Color

El filme se compone exclusivamente de material de archivo. Es inmediatamente fascinante cómo el montaje conversa con los distintos fragmentos de estos videos. Tenemos de todo: 16mm, video casero en cintas, cámaras digitales, hasta celulares. De alguna forma la película no solo documenta los hechos mismos que están en cámara, sino que la evolución cinematográfica del país. Cómo pasamos de las cámaras en formato corto, al video casero, a tener cada uno una cámara en su bolsillo. Cómo el jugueteo entre estilos de filmación caracteriza estos tiempos. El ruido en la imagen es una extensión de las emociones. 

Karin comenta en el texto que acostumbramos a ver mucho de este material en blanco y negro. En específico, las imágenes de la Unidad Popular. Es impactante ver representaciones de Allende a color. Hay mucho sentido en estas decisiones. En primer lugar porque el color en la imagen vibra en este optimismo de inicios de los 70s, que el país podía cambiar para mejor, antes del siniestro golpe de estado. 

Pero además posiciona estos registros en el ahora. Nos recuerda que esto no fue hace tanto. Por la forma en que interactuamos con el cine y el arte, es fácil pensar que, porque Allende vive en blanco y negro, entonces esto pasó hace tiempos ancestrales, pero ver un registro del ex-presidente en alta definición, a todo color, es un recordatorio que 50 años no es nada de tiempo.

Reflexiones Históricas

El punto central del filme es reclamar esta imágenes en el aquí y ahora. Hay una melancólica nostalgia en la forma en que interactuamos con el pasado. Es la edición que genera un puente entre las distintas épocas del país. No por nada, comienza con el funeral de Allende a inicios de los 90s, y termina con la muerte de Pinochet a mediados de los 2000s. Dos eventos tan opuestos ideológicamente, tan distantes en el tiempo real en que ambos murieron, pero tan cercanos en la realidad material que Allende y Pinochet solo recibieron un funeral con unos 15 años de diferencia. 

La película no está montada en orden cronológico, y sería esa la versión más aburrida de esta historia. “La vida que vendrá” no es un texto de aprendizaje. No está aquí para enseñarnos sobre la historia de Chile, sino más bien sobre su historia audiovisual casera. Cómo autores amateurs registraron el tiempo a su alrededor y, tal vez queriendo, tal vez no, crearon una cápsula sobre la que podemos reflexionar ahora.

La directora incluye mucho de su propia vida en el filme. Tiene sentido, no haces una película así sin querer meter un poco de ti misma. Porque de otra forma, mejor solo dejar este material vivir sin intervención. 

Aprecio el puente que hace con el espectador. Karin y yo tenemos algo en común: ambos vivimos la mayoría de estos eventos como parte del pasado. Ella comenta que uno de los primeros sucesos que recuerda es la detención de Pinochet. Me hizo pensar en la primera vez que yo fui consciente de la historia que se construía a mi alrededor: La muerte del dictador. Todos tenemos esta conexión con el presente que es imposible de ignorar.

El artilugio de la voz-en-off en contraste al material de archivo puede cansar. En especial porque no es un elemento novedoso. Si acostumbran ver este tipo de documental verán las huellas de otras películas en casi todo el filme. Puede ser agotador. Es parte de la idea. El filme no existe como una reinvención del género documental. Es esta serie de ideas aplicadas en este material con esta voz, y la directora creó un texto que está conversación con una historia en movimiento que es cálida, aún si es dolorosa.

¿Qué viene hacia el futuro?

La principal pregunta que el filme hace es: ¿cómo nos hacemos cargo del futuro? Está en el título: “la vida que vendrá”. Hay segmentos de radiante optimismo que es hermoso de vislumbrar en cámara. La campaña del “No”, la derrota de Pinochet, la algarabía de su muerte. Pero estas imágenes se entrecruzan con un Chile abatido por la tortura, desaparición e impunidad.

Tenemos un mínimo segmento dedicado al estallido social. Considerando al actual presidente del país, el filme te fuerza a pensar en cómo funciona este ciclo de pesimismo-optimismo. ¿Cómo podemos anticipar el futuro si todo parece estar tan mal?

Uno de los instantes más bajos es cuando Pinochet se zafa de la justicia en Europa y vuelve a Chile para “ser juzgado aquí”, cosa que nunca ocurriría. Te hace recordar que este país se construyó en base a impunidad por los peores seres humanos que estuvieron a cargo de la nación. Que casi todo el horror quedó exento. Que aquí la justicia no existe. ¿Cómo podemos creer en un mejor futuro si todas nuestras derrotas están tan presentes?

El relato es duro, pero optimista. La película no ofrece respuestas fáciles. Es un constante cuestionamiento. Hay mucho para sentir, porque si bien tenemos un grueso de material que es frustrante, caótico, y desesperanzador, también hay que recordar que es la gente en la calle aquella que construye el país. La gente trabajadora, con esperanza por salir adelante.

El texto de la película da muchas vueltas sobre puntos que son más bien reflexiones sin conclusión. Por lo mismo, es un material pesado. Esta obra no va a ser para todos. Es densa a propósito. No es de consumo masivo, ni quiere serlo. Pero es el tipo de documental que despierta emoción colorida y nostálgica. No puede ser que seamos la primera generación en rendirse ante el futuro, tiene que haber algo mejor.

Conclusiones

“La vida que vendrá” es una obra emocionante. Con un corazón palpitante, lleno de preguntas y memoria. Es un ejercicio de reflexión con un buen ojo en el montaje. Una voz con carácter y sentido.

Es un documental denso. En 90 minutos puede ser pesado para el espectador casual, y tampoco es una reinvención del género, pero en este ejercicio de montaje sobre archivos históricos, crea un relato que merece ser visto y examinado. Desde el 7 de mayo va a estar en cines, y les recomiendo que la vivan en una butaca.

“La vida que vendrá” es un POTENTE 7/10

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