POLVO SERÁN: «el abismo de la muerte» – crítica

¿Cómo enfrentamos el abismo? Es una pregunta tan antigua como la humanidad, si no es que más antigua. ¿Qué pasa al final del camino? Y más importante ¿cómo será que nos iremos?

Son muchos los filmes que han intentado trazar una línea hacia la mortalidad, y el bello arte del cine es solo otra capa que podemos deslizar sobre la vida y la muerte.

“Polvo Serán” es un filme dramático musical dirigido por Carlos Marqués-Marcet. Se estrenó originalmente en la sección de Platform del festival de cine de Toronto el año pasado, donde ganó el gran premio del jurado. Y esta semana tuve la grandiosa oportunidad de verlo en el festival de cine de Santiago.

En esta película Ángela Molina y Alfredo Castron interpretan a una pareja en donde ella está en etapa terminal, por lo que decide morir de forma asistida en Suiza. Él, al no soportar la idea de vivir sin ella, decide acompañarla en lo que será un mágico viaje contra el abismo. 

¿Cómo morimos?

El suicidio asistido es un tema controversial, pero un gran tópico para un filme. La muerte digna como le llaman. Ser capaz de decidir cómo y cuándo morir. Tan solo el año pasado el maestro Almodóvar nos deslumbró con lo que fue tu visión de este tópico en “La Habitación de al Lado”.

Pero Carlos Marqués-Marcet no se conforma con solo escribir una historia sobre esta tesis. Él confeccionó un filme que balancea el drama con el musical. ¿Y cómo no verse atrapado por tal premisa? Un musical sobre el suicidio asistido. Les mentiría si no dijera que solo esa descripción era suficiente para atraparme.

Desde la primera escena vemos estilos hilos desenredarse en cámara. La secuencia inicial tiene a Ángela Molina perseguida en su casa por para-médicos, y vemos este montaje de fantasía en que los enfermeros bailan una dulce coreografía mientras intentan atraparla.

Una primera mirada nos llevaría a ver esto como una alegoría sobre cómo ella enfrenta la muerte, pero no queda allí. Porque no es solo un trabajo literal que resulta que tiene estos montajes de ensueño. El filme juguetea constantemente con la fantasía, y toma su estructura de manera libre.

En otra escena la protagonista y su hija están en un parque conversando cuando la secuencia se torna musical. Y además resulta que es la primera secuencia así que incluye letra. Entonces es claro que el filme no desea que el espectador cuestione si es metafórico o no. Es lo que es.

Porque al final, el “conflicto” es sobre morir. Y conflicto entre comillas, porque los personajes deben debatir con estas luchas morales de forma interna. Si bien verbalizan mucho de su dolor y duda, no es la raíz del problema. De hecho, el ritmo pulsa rápido entre escenas y no permite que nos sentemos a pelear sobre la moralidad de la eutanasia, sino que sacude a estos personajes y luego continua con la siguiente secuencia.

Un musical sobre la muerte

La música es por supuesto una gran protagonista, pero debo decir que es curioso cómo se aplica en el guion. Lejos de seguir una estructura clásica de musical, con una sólida densidad de canciones, un ritmo arquetípico, o cualquier tipo de rememoración de tu obra de broadway; la música es lo que es.

Al inicio es más un ballet que un musical. Priman las coreografías, danzas, bailes; pero como mencioné antes, eventualmente las canciones tienen letra y hablan de los sentimientos de los personajes.

María Arnal compuso la banda sonora, y su música se caracteriza por sonido a capela, con voces armonizando las melodías e incluso manteniendo el ritmo. Es un filme disruptivo en su estructura y es imposible no caer enamorado ante su carisma y calor.

La música progresa de forma orgánica durante el filme. Si bien hay buenos segmentos en que pareciera que no hay canciones, nunca tengo la sensación que hay un vacío artístico, sino que llega cuando debe llegar.

Por como el filme está escrito, tú eventualmente descubres cosas de la vida de estos personajes, y estos elementos empiezan a hacer sentido. Cómo uno en sus últimos momentos soñaría con música, y quizá intentaría entender todo a través del lente del arte. Es decir, si yo dedico mi vida a la creación es lo mínimo que esperaría, y me encanta cómo el filme extiende esta idea de ser un artista al borde del abismo.

Conflicto interno

Esta es una película en donde el conflicto es casi que únicamente interno. Si bien hay muchas raíces de conflicto, el guion es inteligente en guardarlo para los personajes.

El primer problema que uno tendría con toda esta situación es lo literal: porqué este hombre va a morir, no tiene realmente motivos para morir. Y es una situación que se externaliza entre los hijos, entre la pareja, pero curiosamente no es algo que el personaje debata en voz alta. Hay debates sí, pero Alfredo Castro se mueve a través de esta actuación sin devorar la historia.

Mientras la veía pensaba, “porqué el acepta esto tan fácil”, y extrañé por gran parte este conflicto, pero pensando hacia atrás he valorado esta decisión precisamente porque no es la historia de este personaje. Ni siquiera argumentaría que es la historia de ella. Es la historia de ambos.

Lo que tiene su propio comentario. Como él convierte la muerte de ella en algo sobre él. Es bastante implícito el drama en cómo incluso una decisión tan “noble” como morir junto a tu pareja puede verse egoísta bajo ciertos lentes.

Eso no quiere decir que el filme esté exento de problemas. Más que todo, el techo al que puedes llegar con una premisa así. La película decide de forma consciente restringir al espectador de mucha de su historia. Y eso la vuelve efectiva al mismo tiempo que distante.

No dudo que gente verá esta falta de conflicto como un problema y tendrá distancia con los personajes. Porque lejos de ser una historia hecha para todos, parece algo tan específico que solo podría ser esta historia. 

Al mismo tiempo, uno puede quedar sediento de saber más. Algunos personajes parecen caracterizados por una o dos cosas, y eso reduce las dimensiones en que uno puede empatizar.

De igual forma, no todo conflicto tiene conclusión. Por el contrario, casi nada se resuelve. La película avanza al pulso que quiere y si cosas quedan en el tintero quedan nomás. Esta forma tan poco convencional de contar una historia tiene sus defectos, pero no dudo que es de hecho el motivo por el que es tan única.

Conclusiones

“Polvo Serán” es una revelación. Una receta de concepto revueltos en esta hoya de emociones. Con una particular visión en la dirección, increíbles actuaciones, y magnética música.

Es un filme sobre mirar al abismo. Y es efectiva. La secuencia final me hizo reflexionar sobre mí mismo, sobre qué… moriré algún día. Y cómo serán esos pequeños momentos antes de desaparecer.

“Polvo Serán” es un SÓLIDO 8/10

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