MILE END KICKS: «nostalgia juvenil» — CRÍTICA

El sonido de una época nos lleva en un viaje en el tiempo. Es fácil posicionarnos en un momento de nuestra vida solo con el poder de la música. Las canciones sirven para caracterizar un lugar en el tiempo, y cada uno tiene una relación personal con una banda o canción que puede fácilmente llevarte a una edad.

Mi relación con la música siempre ha sido especial. Me encanta la música, me encanta descubrir bandas nuevas. Me considero lo que muchos llaman: un melómano. Pero además de melómano, soy un millenial. Esa generación que pasó del análogo al digital, que descubrió el internet, y que hemos sido por los últimos 15 años los más insoportables hasta que los Gen-Z nos quitó ese título.

Otra millenial y melómana es Chandler Levack. Directora canadiense quien debutó en grande con su increíble “I Like Movies”. Una excelente comedia-dramática sobre cómo el amor por el cine puede destruirte.

Levack es una de las directoras con quien más ojo he tenido estos años, y la revelación de su última película ponía para mí cualquiera fuera su siguiente proyecto como uno de los grandes imperdibles. Y esta, su nueva obra se titula “Mile End Kicks” y tuvo su premiere mundial en Toronto en septiembre pasado, donde tuve la oportunidad de verla.

Esta película se ambienta el año 2011, en que Barbie Ferreira protagoniza como Grace, una crítica musical quien se muda desde Toronto a Montreal para escribir un libro sobre “Jagged Little Pill” de Alanis Morissette. Sin embargo, sus planes darán un giro cuando se involucre con miembros de una banda indie de la que es publicista.

Nostalgia por los 2010s

Esta película realmente se siente como un abrazo hacia una generación por nostalgia hacia la nostalgia, pero no por ello está atrapada en el pasado, esta película vive en el momento (que resulta aquí ser el año 2011). El filme habla en sincronía a un lenguaje que ha estado en mi paladar por años, esa sensación de ser joven, querer escribir sobre arte y devorar el mundo.

Toda la premisa de este filme me ablanda el corazón. La imagen de una chica moviéndose por el verano a una ciudad cultural para escribir la música que ama, conocer gente, y tal vez enamorarse, es la pasión de toda una generación.

Luego está la forma en que la cinta lidia con la estética de la época. Esa imagen digital llena de filtros de tumblr y el temprano instagram. De computadores y celulares antiguos. Escribir sobre lo que amas en blogs que esperas que alguien lea. Hay momentos en que las luces y los colores rememoran perfecto ese temprano internet y te hacen sentir uno con esa nostalgia por una era digital menos digital (menos dependiente) que la actual.

Lo que es irónico porque la película también es nostalgia por los noventas. Esa época en que el internet no existía y la música era cambiante, malhumorada y agresiva. Ese revival de música grunge, punk y garage que todos quienes tuvimos un mp3 recordamos.

Melomanía y Montreal

Este es un filme sobre melomanía. Sobre amar la música. Es claro que Chandler Levack es una melómana misma, porque escribe desde un lugar sincero y real. El filme entiende tanto la música alternativa de la época, como también qué escucharía una chica en 2011. La playlist de sexo incluye Air.

Pero la música no es solo para ganar puntos fáciles. El filme crea una conexión personal con el arte. Grace quiere escribir un libro sobre Alanis Morissette. Es obvio que esta musica significa algo tangible para ella. Escribir sobre arte te da ese poder: intentar materializar lo que es intangible, y hay algo hermoso (y satisfactorio) en lograrlo, o creer que lo lograste al menos. Ese delirio de grandeza que todos debemos tener en nuestros 20s.

Montreal es otro protagonista. Tú sientes que Montreal está vivo culturalmente. Que es la ciudad donde las cosas pasan, donde vas si quieres ver las mejores bandas emergentes allá afuera, y el lugar donde debes ir si quieres comer bagels.

Mujeres en las artes

También la naturaleza de esta historia habla sobre el lugar de las mujeres en el comentario artístico. La relación entre Grace y su jefe (Jay Baruchel), evoluciona hacia algo frustrante que imagino va a hablarle a muchas decepciones que chicas han sentido en sus ambientes laborales.

El filme ataca el machismo de estos lugares de trabajo. Y es por esto que puede hablar con tal claridad sobre estos temas artísticos. Porque el arte no solo es una expresión de emociones, es un acto de rebeldía sobre porqué las mujeres, sus acciones y sus sentimientos importan.

Los conflictos internos y externos existen porque Grace es una mujer. El filme simplemente no funcionaría si la protagonista no fuera una chica. Con un hombre tienes una obra tangencialmente distinta. Y eso es lo hermoso, es una película por y para mujeres que los hombres tenemos la alegría de disfrutar a su par.

La película puede caer en algunos lugares comunes que son algo frustrantes cuando pensamos en los temas mayores de la obra. En específico, el estereotipo del chico bueno inadaptado que no consigue a la mujer que le gusta porque es “demasiado bueno”. Y en realidad estaba esperando que no fuera en esa dirección, pero cuando empieza a tantear ese terreno pierde un poco del hilo principal. Habría preferido otro camino para esa sub-trama.

Romance y comedia

Esta es un romance y una comedia, podríamos decir, una… “comedia romántica”. Opera igual que algo como “El Diario de Bridget Jones”. Tienes varios pretendientes y el filme juguetea con quién será aquel que prevalezca. El filme es más sólido cuando se aleja de estos temas, pero no quita que sea bonito una vez materializado.

Es una obra sobre ser joven y parte de ser joven es estar enamorado. Amo que no se contenga de mostrar sexo. De hecho, es una película transversalmente madura. No se restringe a sí misma para ser más digerible para una audiencia joven, todo lo contrario, pareciera ir contra la corriente, a propósito.

Estos personajes son adorables. Barbie Ferreira no estaba en mi radar como actriz, pero viéndola aquí necesito ver lo que sea que haga de nuevo. La química con la dirección me deja sediento por más colaboraciones entre Ferreira y Levack. 

Este elenco es carismático. Los músicos son desagradables, pretenciosos y encantadores. Los odias y amas en una misma escena. Incluso llegas a desarrollar lástima por ellos de forma cálida. Hacia el final quieres ver su banda triunfar. Estarás tan dentro en sus drama románticos como en la victoria de su arte.

Es lindo ver actores jóvenes ser jóvenes en un filme sobre juventud. Ser joven, ser estúpido y pensar que vas a escribir en Pitchfork antes de los 30s.

Conclusiones

“Mile End Kicks” apela a un nicho específico. Es sobre música, sobre juventud, sobre los 2010s, y es exactamente lo que deseo. No todos amarán esta película con igual intensidad, pero sé que muchos allá afuera lo harán: ex-hipsters que soñamos con escribir sobre música, cine y arte; sobre armar una banda que gire en festivales, y tengo un franela amarillo de Fantano.

Adoro este filme. Es una carta de amor al arte, y la mejor publicidad que Montreal ha recibido en toda la historia. Esta película se estrenó recientemente en EEUU, y dudo que llegue a Latinoamérica, pero si todo lo que describimos hasta ahora suena como algo suyo, lo será. Vean este filme. 

“Mile End Kicks” es un LIGERO 9/10

Deja un comentario

Descubre más desde baja frecuencia

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo